El arte de ver y transpirar por Victor Ruano

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El arte de ver y transpirar.

La primera y última semana en Quelepa fueron quizás las más decisivas y reveladoras de todas. Obviamente es difícil asegurarlo tajantemente, ya que las que precedieron y antecedieron a estas dos, fueron el tiempo fructífero que nos permitió rodar nuestra “otra” película.

La primera semana fue cuando descubrimos que no contábamos más con el permiso vital para hacer Engrudo. La causa de esa sorpresiva y rotunda negativa no fue de carácter creativo, técnico, logístico, económico ni legal; sino ético y moral. Finalmente aceptamos esa decisión, la cual nunca compartimos, pero la asumimos respetuosamente. De un día para otro nos vimos frente a lo que parecía ser el caos, la ausencia de historia, rodeados por un entorno exuberante, sofocante y crudo, lo que entendí como la constante presencia de la imagen.

Decidimos continuar con la tarea que nos había llevado a Quelepa, hacer una película. En este caso “otra” película, diferente a Engrudo. Es así como en estos últimos meses nos dedicamos a construir una nueva historia desde sus cimientos. Escudriñamos una región profunda de Quelepa, la oculta, la que vive abajo de la aparente tranquilidad soporífera del casco urbano. Por momentos impenetrable y rígida, en otros fluida y orgánica, siempre presente y escondida. En esa ambivalencia, durante muchas oportunidades, sentí que miraba a través de los ojos de José Miguel, el actor que representaría a Carlos Ulloa. Y también sentí que José Miguel y yo, en varias ocasiones, transpirábamos lo que Carlos Ulloa en algún momento de su vida había transpirado bajo el inclemente sol del oriente salvadoreño. Supongo eso es bueno, la mirada nunca miente y el sudor desintoxica.

Ahora me siento satisfecho de anunciar la culminación a bien de nuestro rodaje. Más adelante anunciaré por este medio cuál es la “otra” película. En ese momento desactivaré esta página y todo lo que tenga que ver con Engrudo.

Quiero agradecer a cada uno de ustedes, a las personas que nos apoyaron a lo largo de este trayecto, el cual aun no termina completamente. Especialmente al equipo técnico y los pobladores de Quelepa. Son muchos, de varias ciudades y países. A todos ustedes, los que estuvieron presentes de varias formas, gracias profundas y serenas.

Me retiro de Quelepa, me llevo preguntas contestadas, respuestas crudas, recuerdos ordenados, imágenes sublimes, una historia visceral; en fin, me llevo lo que quizás vio y transpiró Carlos Ulloa, El Puma de Quelepa.

Se preguntarán ¿qué pasó en la última semana en Quelepa? Pues eso mismo, simplemente fue la última.

Victor Ruano